El se escapo, para tocarla,
se escalo todas las murallas del viento,
piso el horizonte descalzo,
se quemo con el mar y el sol;
parecian sus pies una magia
que se esfumaba en el tiempo,
como estrella fugaz, caminaba sin direccion,
sin norte, sin luz en el alma, sin luz en la noche.
Ella esperaba sembarada en la playa,
se cayeron sus hojas y fueron al mar,
eran huellas del olvido y llevaban el lugubre canto
del corazon vacio, de la oscuridad del firmamento,
sin puntos brillantes esta vez. La brisa traia el eco
desde la nada y chocaba con son sus lagrimas,
que se secaban y eran ambar, casa de los amores perdidos.
Sola en la espera eterna como resignacion e incertidumbre,
soledad irreconciliable.
Nunca llego, siempre espero...

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