Un día de hace unos miles de años un desconocido fue llevado a morir de una manera común en su época, por actos de rebeldía en contra del sistema político y religioso de un pueblo, fue crucificado en unas tablas y exhibido como delincuente por sus declaraciones que agitaban a las masas. No todos los días un carpintero hace milagros impresionantes y dice ser el hijo de Dios; los judíos esperaban a un mesías rey de la nobleza líder de una rebelión que les quitase el yugo opresor.
Lo escupieron, fue azotado con látigos que arrancaban la carne de su espalda, según registros históricos debió ser uno que perforaría sus pulmones con más de 20 azotes. Le desfiguraron y mutilaron por horas a voluntad propia, pues El solo debía decir que no era el hijo de Dios y que se arrepentía de haber sido de tropiezo a los sacerdotes judíos para dejar de ser castigado injustamente, pero callo todo el tiempo y al responder si era el hijo de Dios respondió con humildad: "Tú mismo lo has dicho; sin embargo, a ustedes les digo que desde ahora verán AL HIJO DEL HOMBRE SENTADO A LA DIESTRA DEL PODER, y VINIENDO SOBRE LAS NUBES DEL CIELO." Luego de haber dicho esto fue desnudado y abofeteado, burlado por quienes lo hacían para avergonzarle.
Su nombre era Jesús y nadie como El había caminado jamás sobre el polvo de la tierra, había traído personas del lecho de muerte a la vida, había perdonado a los que necesitaban perdón, había convertido a un grupo de hombre comunes y ordinarios, considerados basura del mundo en apóstoles, testigos y portadores del poder mas excelente que Dios pudiera otorgar, la palabra que había llevado a la muerte al Cristo, que el hijo de Dios moriría en una cruz como un delincuente maldito para llevar el dolor que la humanidad merecía soportar por causa del pecado, que el se haría cargo de llevar todas nuestras angustias para que en su nombre tengamos libre acceso a una vida nueva en abundancia, una vida cerca de quien nos creo, esto es el evangelio de salvación.
Que todos los hombres somos malos y cortados por la misma tijera hacemos mal en nuestra propia prudencia, que no hay uno que busque el bien, no hay uno que sepa el camino, porque todos nos extraviamos con los siglos, llevados por corrientes falsas, haciéndonos daño los unos con los otros, cambiado la naturaleza de las cosas para nuestra perdición, pues la voluntad del diablo es manifiesta cada día, tan solo hay que ver las noticias diarias todas son malas. Pero donde abundo el pecado sobre abundo la gracia y una nueva noticia se cierne sobre los hombres de bajo del sol desde hace mas de 2,000 años. Que el todo aquel que reconozca su pecado y su maldad, entregando sus cargas y sus dolores a Dios en el nombre de Jesús será sanado y puesto en libertad de las cadenas de un mundo condenado a morir por su rebeldía.
Jesús transformó cada día de la historia. Cambio los calendarios, cambio a los hombres y venció la muerte, porque al tercer día de haber sido crucificado se levanto de las telas y rompió la maldición que nos separaba del Padre del cielo, tendiéndose a sí mismo como el camino, la verdad y la vida para llegar a Dios, reconciliados para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo.
Jesús se elevo sobre las cabezas de la humanidad en presencia de no mas de 500 personas y prometió enviar un consolador, El Espíritu Santo de la promesa que es de su misma esencia, Dios morando en nosotros y he aquí que El está con nosotros todos los días hasta el fin del mundo.
El sigue por ahí transformando, espera que mires a la cruz y pienses en un amor tan grande como para soportar lo peor por tu causa, el espera que le aceptes en su corazón pues no vino a condenarte, vino a salvarte de la desesperanza, del dolor, de la guerra, de una vida sin propósito. Permítele entrar en ti y veras como tu vida tomara sentido en su nombre y nunca mas tendrás sed sino que ríos de agua viva saltaran de ti para vida eterna.
Habla ahora con el y dile: Señor Jesús, hoy reconozco tu amor y tu sacrificio que sobrepasa todo entendimiento humano, reconozco tu mi pecado, el que llevaste en tu cuerpo para salvarme, reconozco que por mis maldades y mis flaquezas fuiste azotado y crucificado, perdoname. Perdoname y hazme libre, hazme una nueva persona para andar y vivir en tus caminos, te entrego mi corazón, haz conmigo tu voluntad para vivir en amor, en paz, gozo y prosperidad, deshaciendo todas las obras del mal en mi y eliminando mis angustias para siempre. En el nombre de Jesus amen.

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